Nuestro nombre y nuestro lema "Jehová Shammah" son las últimas palabras del libro del profeta Ezequiel. Luego de años de dura cautividad y de constante oración, el profeta Ezequiel recibió su última visión de parte de Dios. En ella, el profeta vio la restauración de Jerusalén. Dios le prometía al pueblo llevarlos a tiempos de bendición nunca antes vistos y les prometía su presencia como garantía. Nunca más serían objeto de burla por parte de sus enemigos. Desde aquel momento, la ciudad sería llamada "Jehová Shammah", que quiere decir "Dios está allí" (en aquel lugar, con ellos). Al tomar este nombre, expresamos nuestro deseo de que otros vean a Cristo reflejado en nosotros.
Nos alegra que Dios nos haya acercado a Sí mismo, pero entendemos este privilegio como una responsabilidad: Dios nos ha acercado para que también nosotros acerquemos a otros, les mostremos el camino para llegar cerca de Dios. Por tal razón asumimos como lema: "Acercados para Acercar".
Somos seguidores de Cristo. Queremos ser como Él. Él es nuestro Señor (quien manda en nuestra vida), y también nuestro Salvador (sólo a través de su muerte en la cruz obtenemos la salvación que Dios ofrece). Él es Dios mismo hecho hombre, viniendo en nuestro rescate.
Nos guiamos por lo que la Biblia nos enseña. De ella obtenemos la guía para saber lo que se debe creer y lo que se debe hacer.
Hemos experimentado un nuevo nacimiento por la fe, a través del cual fuimos hechos hijos de Dios. Hemos creído en Él; pero también le hemos creído a Él, es decir, a lo que Él nos dice. Como muestra de ello, nos esforzamos por obedecerlo.
Tomamos muy en serio la comisión que Él nos dejó de predicar el evangelio a todo ser humano. Buscamos cada día nuevas maneras de hacerlo.
Nos reunimos cada semana en el templo y en casas para animarnos y edificarnos. Esperamos su regreso.
Entre las muchas denominaciones cristianas, somos miembros de la Iglesia del Nazareno, una denominación fundada por Phineas F. Bresee y cuyo nacimiento se registró en octubre de 1908 (aunque habían empezado reuniones 13 años atrás en Los Angeles, California).
Como Iglesia del Nazareno nos identificamos con las enseñanzas de Juan Wesley, un pastor inglés que vivió hace unos 250 años atrás y cuyo énfasis central era la necesidad y posibilidad de una vida santa ante Dios. Desde sus inicios la Iglesia del Nazareno asumió este punto como mensaje central. De esta manera el mensaje que puede leerse en nuestro escudo (el cual es usado alrededor del mundo) es: "Santidad al Señor".
La Iglesia del Nazareno se define a sí misma como "un pueblo cristiano, de santidad misional". Por "cristiano" queremos decir que somos parte de algo más grande que Dios está levantando alrededor del mundo entre todos aquellos que reconocen a Cristo como su Señor y Salvador. Por "de santidad" queremos decir que consideramos prioritaria la santidad en la vida del creyente. Y por "misional" declaramos lo importante que es para nosotros el llevar las Buenas Nuevas de salvación a todo ser humano.
Hoy la Iglesia del Nazareno hace presencia en más de 151 áreas del mundo por medio de casi 21.000 iglesias y más de 1.700.000 miembros.

En el año 1998, el Rev. Javier Paniagua, entonces pastor de la Primera Iglesia del Nazareno de Stamford, viendo el crecimiento que experimentaba la iglesia por aquel entonces, aceptó el llamado del Señor en el sentido de abrir una segunda iglesia hispana en la ciudad. En un principio la idea no fue muy popular, debido a que no era común el tener dos iglesias hispanas de una misma denominación en una ciudad pequeña como Stamford. Sin embargo, él siguió adelante con el plan.
La iglesia empezó como una célula en casa de la hermana Teresa Matos, quien por entonces era miembro de la Primera Iglesia del Nazareno de Stamford.
El Rev. Eduardo Rojas fue el comisionado para tomar cargo de la pequeña iglesia naciente. Junto a su esposa, Amparo, y sus hijos, Andrés, Felipe, Carlos y Laura, lideró la iglesia durante sus primeros dos años de existencia.
Al cabo de dicho período, el pastor Eduardo Rojas fue llamado a pastorear la Iglesia del Nazareno de Bridgeport, por lo que tuvo que dejar la iglesia. El liderazgo de la obra quedó entonces a cargo del hermano Esdras Sandoval, quien con la ayuda de su hermano Guillermo, y de los hermanos Abel Aguilar y Osiel Chinchilla, sostuvieron la obra por espacio de un año, hasta la llegada de los pastores Juan David y Paola Paniagua, quienes fueron instalados oficialmente como pastores de la obra el 16 de diciembre de 2001.
A su llegada, la iglesia contaba con siete miembros y era conocida hasta entonces como "Segunda Iglesia del Nazareno de Stamford". Se reunía en el templo de la Free Methodist Church, ubicado en el 433 de West Main St.
Pasados cuatro años, la iglesia asumió el nombre "Iglesia del Nazareno Jehová Shammah" (o "Jehova Shammah Church of the Nazarene", Inc., como figura en el certificado de incorporación ante el Estado de Connecticut).
Nuestra declaración de Fe
Reconociendo que el derecho y el privilegio de las personas a la membresía de la iglesia se basan en que sean regeneradas, sólo requerimos las declaraciones de fe que son esenciales en la experiencia cristiana. Por lo tanto, consideramos que es suficiente creer en las siguientes declaraciones breves. Creemos:
Los Artículos de Fe
A fin de que mantengamos nuestra herencia dada por Dios, la fe una vez dada a los santos, especialmente la doctrina y experiencia de la entera santificación como segunda obra de gracia, y también para que cooperemos eficazmente con otras ramas de la iglesia de Jesucristo en expandir el reino de Dios, nosotros, los ministros y los miembros laicos de la Iglesia del Nazareno, en conformidad con los principios de la legislación constitucional establecida entre nosotros, por la presente ordenamos, adoptamos y publicamos como la ley fundamental o Constitución de la Iglesia del Nazareno, los Artículos de Fe:

Nuestra iglesia cuenta con varios grupos especializados en diferentes áreas. Cada uno de ellos brinda servicios fundamentales para el crecimiento y edificación de la iglesia y sus miembros. Dichos grupos son llamados Ministerios y Redes:
Rev. Juan David Paniagua (203) 554-0619
2. Red de Mujeres
Rev. Paola Paniagua (203) 554-0615
3. Red de Jóvenes
Marcella Abril (646)321-3789
4. Red de Niños
Mónica Godoy-Carias (203) 569-5003
Karina Rojas (203) 424-8747
2. Ministerio de Mujeres
Raúl Salazar (203)
3. Ministerio de Mayordomía (Consolidación)
Milton Medina (203) 550-3064
4. Ministerio de Alabanza
Rev. Juan David Paniagua (203) 554-0615
5. Ministerio de Parejas
Pastores Paniagua (203) 388-8490
6. Ministerio de Discipulado
7. Comité de Economía
Guillermo Sandoval (203) 621-4662
8. Ministerio de Audio-Visuales
"Próximamente..."
Red de Hombres, Mujeres, Jóvenes y Niños
Reunión de Líderes 10-12M
Todos necesitamos algo que sostenga nuestra vida. El peso de los problemas, la ansiedad, las frustraciones, la incertidumbre ante el futuro y otras cosas como estas a menudo es demasiado para nosotros solos. Por tal razón se nos hace necesario un punto de apoyo.
Existen muchos. Son varias las cosas que nos pueden animar y brindarnos ilusión. Pero no hay mayor esperanza que la que puedes encontrar en Dios. ¿Por qué razón? Porque cualquier fuente de ánimo nos provee esperanza para esta vida. Pero la esperanza que Dios nos provee dura para siempre, por la eternidad.
Un día yo mismo estuve sin esperanza. ¿Por qué? Porque estaba alejado de Dios (Efesios 2.12 ). Sentía que mi vida no tenía sentido. Eso sucede cuando nos separamos de nuestro Creador, del único que conoce a la perfección el propósito supremo de nuestra vida (Juan 15.5). En realidad estaba muerto en vida… caminaba hacia la muerte sin remedio (Salmos 73.27) aunque pretendía ignorarlo.
Me preguntaba: ¿En qué momento me alejé? ¿Qué sucedió para que llegara a estar tan lejos de Dios? La respuesta era simple: pequé (Romanos 3.23). Ciertamente no fue Dios el que resultó afectado. Fui yo. Él sigue siendo Dios, incluso si yo no lo reconozco. Él es Dios aunque yo esté lejos de Él. Pero yo soy el que pierde con la distancia (Jeremías 23.23). Al estar lejos de Dios no tengo esperanza duradera en que apoyar mi vida.
Fue entonces cuando le conocí. Había nombrado a Jesús muchas veces. Recuerdo incluso haberle pedido ayuda en medio de algún problema. Pero sólo hasta ese día entendí el verdadero sentido de su vida… y de su muerte. Entendí que Él vino por mí, para acercarme a Dios. Hizo todo lo necesario, lo más duro, y me dejó la tarea más sencilla de todas: creer en Él y arrepentirme de todo lo que me llevó a vivir lejos de Él. Ese día nací de nuevo, nací como hijo de Dios (Juan 3.3). Me acerqué a Él de verdad.
Hoy he aprendido que no hay nada mejor que acercarme a Dios (Salmos 73.28). Así que mi oración a Él cada día es: "no te alejes de mí" (Salmos 22.11). Con razón alguien que apreció la presencia de Dios llegó a reconocer que mejor es vivir un día cerca del Señor que mil lejos de Él (Sal.84.10). El estar cerca de Dios me permite beneficiarme de su poder. Ese mismo que puede hacer milagros en tu favor en aquellas circunstancias en las que no encuentro salida (Isaías 33.13). Ese mismo que puede suplir todas tus necesidades, empezando por la más grande de todas: salvación, es decir, vida eterna cerca de Dios (Juan.6.35).
¿También quieres acercarte a Dios? Te animo a hacerlo. No hay decisión más grande, más importante que esta. La buena noticia es que si te acercas a Él, Él no te va a rechazar (Juan 6.37). Es cierto… a mí también me han rechazado. Pero Él no. Él es diferente. Tanto que a pesar de que fuiste tú el que se alejó, fue Él quien pagó con su propia sangre el precio requerido para que te pudieras acercar a Él (Efesios 2.13). Sólo necesitas creer que le vas a encontrar si le buscas y que por buscarlo Él te premiará (He.11.6). Pero déjame advertirte: para acercarse a Dios se requiere valor (Jeremías 30.21). Por eso no todos lo hacen.

Pastor
Rev.
Juan David Paniagua
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Pastora
Rev.
Paola
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